La Mente, siempre viva
se desplaza como el viento,
tocando delicadamente los
cuerpos,
deslizándose por las vías libres
como río suelto por las calles.
Abandonando lo tapado,
lo
ocupado,
rozando por
encima
lo demasiado sólido.
Donde le son dadas abiertas vías
echa a correr
y adquiere alegría
cual carrera de caballo libre,
trayendo mensajes del espíritu,
el cual
donde es, se crea
y se levanta, llevando todo consigo.
Donde los caminos son insignificantes,
la
mente
no pasa de largo,
empujada por la fuerza
incesante de sí misma.
Donde
los caminos son apenas insinuados,
como la huella de la mariposa por el
aire,
la mente realiza su misteriosa paradoja
de lo inmensamente fuerte
contenido en lo débil;
paradoja de lo que es casi nada y casi todo
simultáneamente:
Una gota de agua
representando todo
el
océano.
Aborda, la mente,
aquellos caminos pobres
apenas notorios
no para tornarse algo superior, puesto que sólo es,
sino para
ser en todo camino
ella misma.
Y así, al recibir mente
los
apenas insinuados caminos,
se unen a ella al instante
como esa forma viva del agua corriente,
la que lleva al agua, no el agua
la forma viva que la arrastra,
y que la libera de pronto
de los dominios terrestres.
Mente,
Elemento vivo,
cual agua de impulso propio ,
ensimismada
por sobre la tierra plana.
Al menor declive
se te agudiza un ojo
acaracolado
y te surge un fluido tentáculo,
Todo lo propenso se te entrega
y lo captas
y es llevado en la nada
hacia todos los dominios
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